Cristo, el Rey de Todo

Declaración de la doctrina

Dios el Hijo, como la Segunda Persona de la Santa Trinidad, es Rey sobre todas las cosas. Él mantiene esta exaltada posición juntamente con las otras personas de la Trinidad. Jehová Dios es Rey en su Divinidad esencial. Ningún creyente ortodoxo niega esto, al menos en teoría. Así también, el Señor Jesucristo, el Mediador entre Dios y el hombre, reina como un Rey Mediatorial sobre todas las cosas, para el beneficio de su Iglesia para la gloria del Padre.

“1. Jesucristo, como Mediador, gobierna todas las criaturas y todas sus acciones para su propia gloria. A Él le es debida sumisión por todos los hombres y ángeles. Todos los hombres, en cualquier relación y condición posible, están bajo la obligación de promover sus graciosos propósitos de acuerdo con su ley. Los ángeles santos ministrarán, bajo su dirección, a los herederos de la salvación. Ef. 1:20-22; Heb. 2:8; Fil. 2:9-11; Sal. 2; Heb. 1:4.

2. Jesucristo, como Cabeza sobre todas las cosas para el bien de la Iglesia, gobierna con perfecta sabiduría y justicia sobre todas las partes de su creación incluyendo a los hombres impíos y demonios. Él los hace, y a todos sus pensamientos y esfuerzos, servir a la gloria de Dios en el plan de redención. Rom. 8:28; Ef. 1:22-23; Jn. 17:1-5; Lc. 9:26.” Testimonio de la Iglesia Presbiteriana Reformada de Norte América, Capítulo 8: “De Cristo el Mediador”. (1980).

Esta enseñanza, desconocida o pobremente entendida por gran parte del Iglesia evangélica, es una de las piezas claves en la doctrina de las Iglesias Presbiterianas Reformadas en el mundo. Históricamente, el Reinado Mediatorial de Cristo ha sido afirmado, durante toda la existencia de la Iglesia Presbiteriana Reformada, contra varios errores: el papado y el erastianismo en Bretaña, y el secularismo en otras naciones en las cuales ha sido plantada. Cuando miramos la Escritura, vemos esta doctrina enseñada en ambos testamentos.

“¿Por qué se amotinan las gentes, Y los pueblos piensan cosas vanas? 2 Se levantarán los reyes de la tierra, Y príncipes consultarán unidos Contra Jehová y contra su ungido, diciendo: 3 Rompamos sus ligaduras, Y echemos de nosotros sus cuerdas. 4 El que mora en los cielos se reirá; El Señor se burlará de ellos. 5 Luego hablará a ellos en su furor, Y los turbará con su ira. 6 Pero yo he puesto mi rey Sobre Sion, mi santo monte. 7 Yo publicaré el decreto; Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú; Yo te engendré hoy. 8 Pídeme, y te daré por herencia las naciones, Y como posesión tuya los confines de la tierra. 9 Los quebrantarás con vara de hierro; Como vasija de alfarero los desmenuzarás. 10 Ahora, pues, oh reyes, sed prudentes; Admitid amonestación, jueces de la tierra. 11 Servid a Jehová con temor, Y alegraos con temblor. 12 Honrad al Hijo, para que no se enoje, y perezcáis en el camino; Pues se inflama de pronto su ira. Bienaventurados todos los que en él confían.” (Salmo 2)

“Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. 14 Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido.” (Daniel 7:13-14)

“Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. 19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.” (Mateo 28:18-20)

“la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, 21 sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; 22 y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, 23 la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo.” (Efesios 1:20-23)

“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, 6 el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 7 sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; 8 y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. 9 Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, 10 para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; 11 y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.” (Filipenses 2:5-11)

Ciertamente, más referencias pueden ser dadas. Pero las suficientes han sido citadas para demostrar, sin embargo, que hay un dominio distinto dado al mesías. Este Dominio Mediatorial es distinto de, adicional a, y coincidente con, aquel dominio que Él mantiene esencialmente como la Segunda Persona de la Divinidad. Note que este Dominio adicional es dado a Él. Le es concedido. Las razones por las cuales el Padre se lo concede también son dadas. Esta concesión es una recompensa por su obra y muerte. El Dominio Mediatorial es adquirido. Es más, vemos que esta economía es otorgada con el propósito de bendecir al cuerpo de Cristo, la Iglesia.

La extensión de este Dominio Mediatorial es universal. Es absolutamente necesario para el Mesías, ya que debe gobernar todas las cosas para que obren juntas para el bien de aquellos que lo aman, y que son llamados de acuerdo a su propósito (Romanos 8:28). Se puede objetar que los reprobados no pueden estar bajo su Reinado Mediatorial, ¿cómo puede ser un Rey Mediatorial de aquellos que no se benefician de su obra de redención? Debemos recordar que, en nuestra común experiencia, de los muchos que viven vidas de continua criminalidad, sin embargo no negamos que ellos están bajo la jurisdicción del magistrado civil. Entonces, eso pasa con el reprobado. De hecho, ellos no obtienen beneficios del Rey; sólo juicio y condenación (Mateo 25:31ss). Sin embargo, el Rey soberanamente los dirige a ellos y sus pensamientos, para que su Iglesia pueda ser beneficiada y el Padre glorificado.

Nuevamente, puede ser objetado que la doctrina de un Rey Mediatorial universal deroga la dignidad, gloria, actividad, e incluso, la inmanencia del Padre y el Espíritu Santo. Además la alta dignidad de Cristo como el único hijo es perdida de vista. En respuesta, se debe notar que la Iglesia ortodoxa coincide en que el señor Jesucristo es el único Rey y Cabeza de Sion. ¿Alguien seriamente cree que, en la Iglesia, la dignidad, gloria, y actividad de las otras personas de la divinidad están de alguna forma disminuidas? ¿Hay algún alma que mantenga que enseñar que sólo el Mesías es el Rey de los santos remueve la presencia del padre y el espíritu en la Iglesia? ¿Y quién dirá que tal enseñanza lleva a un eclipse de su deidad? ¿Quién? Tal hombre, en cualquier denominación protestante ortodoxa, podría ser condenado en las Cortes de su Iglesia por mantener tales posiciones. Si el Reinado Mediatorial de Cristo en la Iglesia es tan obviamente aceptable, entonces no debe haber objeciones de este tipo a la enseñanza de que Él tiene dominio sobre toda la creación.

Una objeción más viene a mi mente. Es que alguien más, entonces, ejerce gobierno soberano sobre todas las cosas ajenas a la Iglesia. Un objetor podría decir que este es el Hijo en su Deidad esencial. Debe ser recordado que, aunque Cristo tiene dos naturalezas distintas, Él es una persona, un Salvador. “¿Está Cristo dividido?” (1 Corintios 1.13a) continúa siendo una pregunta relevante en este punto. Tal afirmación es contraria a la clara enseñanza de la Escritura ya citada, declarando el Dominio universal de Cristo como el Mediador. Algunos bizarros intentos de “exégesis” han sido intentados con el propósito de eludir esta conclusión, pero tales intentos serían dignos de carcajadas si el asunto no fuera tan solemne y majestuoso.

Se podría decir que si no es el Hijo, quizás otra persona de la Divinidad, o una deidad indistinguible gobierna todas las cosas ajenas a la Iglesia. Pero surge un problema en conexión con esta propuesta. Dios ha determinado que todas las bendiciones, toda la redención, todas las cosas necesarias para el cumplimiento de su gracioso propósito, vinieran por medio del Pacto de Gracia. El Pacto, por supuesto, no puede ser separado de aquel que es su Cabeza. Intentar acercarse a Dios separado del Mediador en un tiempo posterior a la caída es fatal. Buscar cualquier bendición del Juez Santo y Justo, profundamente ofendido por el pecado, es absurdo. Esperar algo distinto a la ira y maldición de Dios, aparte de la administración Mediatorial, es necio. Si todas las cosas ajenas al Iglesia están esencialmente en las manos de Dios, entonces la Iglesia no puede descansar en esperanza y confiar que todas las cosas obran para su bien. ¿No podrían obrar para ira sobre aquella que aún está manchada, arrugada, sucia, impura, e injusta en su propia experiencia? ¿No deberían intimidarse al acercarse al Santo, que golpea tan fuerte? Por supuesto que no debe hacerlo, porque todas las cosas ahora están ordenadas por medio del Pacto de Gracia para su beneficio. Todas las cosas, interna o externamente, están bajo los pies de su glorioso y amante esposo, el Rey. El Padre del Rey se transforma en el Padre celestial de la Iglesia, fuerte para salvar, no el juez ofendido que mencionamos. Su amado Espíritu es enviado para trabajar como un agente del Rey. Toda la Providencia, en el gobierno del Rey, es ordenada para su bien final, purificación final, y salvación final. En el Dominio universal del Mediador, y sólo en él, las bendiciones son seguras.

Aplicaciones

I. Para la Iglesia

Como fue mencionado, existe un consenso general entre las iglesias Reformadas de que Cristo es el Rey Mediatorial de los Santos. La Iglesia es su Reino de Gracia, su “Reino especial”. Cuando vemos este aspecto particular del reinado mediatorial de Cristo, debemos asumir que hay implicaciones para la doctrina, disciplina, gobierno, y adoración. Se debe afirmar que estas cuatro áreas sólo son determinadas por la palabra de Cristo que puede estar “expresamente expuesta en las Escrituras, o por buena y necesaria consecuencia deducida de ellas” (Confesión de Fe de Westminster 1:6). Por lo tanto, la Iglesia de Cristo, y todo brazo de ella, debe ver que ella sostiene y practica las direcciones de Aquel que es Cabeza y Rey de Sion. Todo lo que está verdaderamente contenido en la Escritura debe ser tenaz y perseverantemente mantenido. Aquello que es añadido debe ser extirpado. Aquello que ha sido eliminado debe ser restaurado. Esta es la razón por la que la Iglesia Presbiteriana Reformada ha mantenido lo que ella cree ser una doctrina de la Escritura, incluso cuando esto la mantenga apartada de otra hermandad que considera muy querida. Es por esto que la Iglesia Presbiteriana Reformada ha tratado de, incluso con aflicciones debido a su propia inconsistencia y negligencia, mantener la disciplina eclesiástica de la Escritura especialmente en asuntos de confesionalidad, testimonio, y Sacramentos. Es por esto que la Iglesia Presbiteriana Reformada aún profesa creer en el presbiterianismo jure divino. Es por esto que la Iglesia Presbiteriana Reformada, a pesar de la impopularidad y el ridículo, mantiene lo que ella cree ser principios y prácticas de la Escritura. Cree que estas cosas son vinculantes en la Iglesia de Cristo, no meras peculiaridades de su propio y pequeño círculo. Cualquier cambio en ella debe ocurrir cuando esté convencida de que se ha equivocado en su entendimiento de la palabra de Dios, como ha ocurrido en el pasado. Obviamente, este es el fundamento para cualquier cambio en cualquier parte de la Iglesia apostólica.

Esto nos lleva a considerar la unión eclesiástica. Nadie puede negar que este es un propósito deseable y exigido por Cristo. ¿Puede ser legítimamente realizado minimizando la verdad de la Biblia? Nuestro Salvador ha mandado a sus discípulos a discipular las naciones, enseñándoles a observar todo lo que Él ha mandado (Mateo 28:18-20). Ignorar una parte de los mandamientos de Cristo para cumplir otra parte está equivocado. Una es pecaminosamente ignorada y la otra no es verdaderamente realizada. Ambas se pierden. La unión debe ser una unión en la verdad. Cualquier verdadera unión en la Iglesia de Cristo debe ser una unión en la verdad, donde los que antes estaban divididos llegan a un consenso en su entendimiento de los graciosos decretos del Rey. Es más, también debe haber un compromiso de lealtad al Rey. En el pasado, esto ha sido llamado “un pacto social público”.

2. Para el Estado

Cristo es el Rey de las naciones tanto como de los santos. Las naciones son parte distintiva de su Dominio Mediatorial universal. Ellas son parte de su Reino de Poder, su “Reino subordinado”. Un obvio argumento a fortiori sobre este punto puede ser insertado aquí, pero no hay necesidad de hacerlo. Es suficiente decir, que ya que el Dominio Universal es demostrado, no puede haber nada que permanezca fuera de él, sino aquello que es específicamente excluido. Tenemos mencionado tal exclusión del Dominio del Mesías, pero no es el Magistrado Civil / Gobierno Civil / Nación. “Porque todas las cosas las sujetó debajo de sus pies. Y cuando dice que todas las cosas han sido sujetadas a él, claramente se exceptúa aquel que sujetó a él todas las cosas.” (1 Corintios 15:27)

Que Cristo, como el Rey Mediatorial, exige la lealtad de las naciones de la tierra es muy explícito en los pasajes de la Escritura ya citados. A esos testimonios podemos añadir: “Pueblos todos, batid las manos; Aclamad a Dios con voz de júbilo. 2 Porque Jehová el Altísimo es temible; Rey grande sobre toda la tierra. 3 El someterá a los pueblos debajo de nosotros, Y a las naciones debajo de nuestros pies. 4 Él nos elegirá nuestras heredades; La hermosura de Jacob, al cual amó. Selah. 5 Subió Dios con júbilo, Jehová con sonido de trompeta. 6 Cantad a Dios, cantad; Cantad a nuestro Rey, cantad; 7 Porque Dios es el Rey de toda la tierra; Cantad con inteligencia. 8 Reinó Dios sobre las naciones; Se sentó Dios sobre su santo trono. 9 Los príncipes de los pueblos se reunieron Como pueblo del Dios de Abraham; 10 Porque de Dios son los escudos de la tierra; Él es muy exaltado.” (Salmo 47). En conexión con esta cita, debemos recordar quien es aquel que es ascendido. No es Dios considerado en su unidad, tampoco el Padre celestial, tampoco el Espíritu, tampoco el Hijo considerado en su esencia, es el Mesías. Él es aquel llamado Dios en el salmo 47. La revelación completa que tenemos en estos últimos días nos muestra que es el Dios-hombre el que ascendió, quien es el Rey, que reina sobre las naciones, ante quien los oficiales, como oficiales, se reúnen para aprender y hacer su voluntad.

Más testimonio acerca del reinado mediatorial de Cristo sobre las naciones puede ser encontrado en apocalipsis: “El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos.” (11:15). “Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES.” (19:16).

Más afirmaciones oficiales sobre esta doctrina tal como es confesada por la Iglesia Presbiteriana Reformada de Norteamérica están en su Testimonio, capítulo 23, “Sobre el Magistrado Civil”, pp. A69-A78 en su Constitución.

De tiempo en tiempo, diferentes objeciones a esta enseñanza han surgido. Una de las más comunes viene de un mal entendimiento de las palabras de nuestro Salvador cuando, delante del trono de Pilato, dijo: “Mi reino no es de este mundo.” (Juan 18:36). Algunos dicen que esas palabras están en conflicto con la noción de naciones que formalmente prometen lealtad a Cristo como Rey. La aparente tensión desaparece cuando recordamos lo que Jesús quería decir cuando dijo que su Reino no es de este mundo. Ciertamente Él no quería decir que es un asunto meramente privado, o algo irrelevante para los asuntos de esta tierra, algo como gracia en oposición a la naturaleza, o algo noumenal como opuesto a fenomenal. Él quería decir que su Reino es de un orden distinto, no uno más en medio de muchos otros. Él quiere decir que es uno que lo reconoce como su inmediato y supremo Señor, en lugar de a otros que afirmaban tener tal rol. Él quiere decir que las armas de conquista son la predicación y la enseñanza de su Palabra, que traen a los pecadores y sociedades a sus pies. Él quiere decir que es establecido por el poder del Espíritu y no por el del hombre. Él quiere decir que es establecido en la justicia y santidad del cielo, no en el orgullo y la crueldad del hombre. Este reino está en el mundo, pero no es del mundo. Las naciones de este mundo pueden, y deben estar explícitamente bajo el gobierno de Cristo el Rey.

Otra objeción comúnmente mencionada es que esta doctrina parece forzar una unión entre la Iglesia y el Estado, con uno u otro en ascendencia. Aunque algunos han pervertido esta enseñanza hacia tal fin, las correctas aplicaciones prácticas militan contra las concepciones erastianas y romanas de las relaciones entre la Iglesia y el Estado. Continúa siendo verdad que sólo Cristo es la Cabeza de la Iglesia, no el papa ni el magistrado civil. El correcto poder civil permanece en su lugar, también. Escrituralmente, la Iglesia y el Estado son sujetos distinguibles, con diferentes propósitos, diferentes oficios, y diferentes mandatos, entre otras cosas. Ambos, sin embargo, están bajo el mismo Rey Mediatorial, el Rey de Sion y el Rey de reyes. Tanto la Iglesia como Estado están bajo la misma obligación de hacer un pacto con Él en sus propias áreas, rindiendo lealtad a su Señor. Ambos están obligados a apoyarse mutuamente en las formas apropiadas, para que el Rey pueda ser glorificado por los hombres en sus vidas públicas. Ambos están obligados a conformarse a la Ley de Dios, en las formas propias de cada institución. El Estado tiene restricciones en estas áreas tanto como la Iglesia, para que así pueda cumplir su rol como una ordenanza de Dios, su ministerio para el bien (Romanos 13:2, 4). Especialmente en aquellas naciones donde el Evangelio ha sido predicado, “besar al hijo” es una necesidad absoluta para el bienestar nacional. Resistir o rehusar tal sumisión es invitar a una aniquilación nacional total por parte del ofendido “Rey del Monte Sion.”

Sobre este asunto de sumisión nacional al Mesías, la Iglesia de Cristo tiene una responsabilidad prominente. Parte de su tarea de apoyar al Estado es declarar aquello que es verdadero y falso, lo bueno y lo malo, tal como está definido por las Escrituras del Antiguo y el Nuevo Testamento. La Iglesia católica debe declarar que el Estado está moralmente obligado a tener al Mesías como Rey y a su Ley como la ley de la nación. Ella debe declarar que el Estado es inmoral en aquellos puntos extremadamente críticos si no se arrepiente. Los cristianos, en tal caso, como en el que vivimos actualmente, no podemos participar en cualquier acción que nos pueda colocar en tal inmoralidad. No puede haber lealtad incondicional a las constituciones de gobiernos que no juran lealtad a Cristo.

En conexión con esta sumisión nacional, a veces llamada “reforma nacional”, la Iglesia tiene el deber de llamar a la nación a un pacto público social formal con el Rey. Esto sigue el ejemplo aprobado de la Escritura en los tiempos de Joás, Ezequías, Josías, Nehemías, y otros. Algunos pueden decir que la situación del Israel del Antiguo Testamento era única. Es verdad que, en los tiempos del Antiguo Testamento, Israel era una nación única entre las naciones del mundo al contener la Iglesia visible, y que ninguna otra nación en estos días puede hacer una legítima afirmación de ser la única nación cristiana. Pero esto no descarta, sin embargo, que una nación no deba hacer el pacto para ser una nación cristiana.

Sobre la materia de poner hombres en el oficio civil, los ciudadanos cristianos deben recordar, primero, que sólo hombres personalmente piadosos, que apoyan la justicia Escritural son dignos del oficio (Deuteronomio 17:14-20, 2 Samuel 23:3), no aquellos que son cierto partido político o que son considerados “el mal menor”. Es más, esos candidatos deben tener una visión cristiana del gobierno civil como la que ha sido explicada. Elegir para el oficio a un hombre que no tiene reparos de conciencia para jurar sostener y defender, incondicionalmente, una constitución de gobierno sin Cristo, transforma tanto al elegido como al elector en traidores de Cristo.

Muchos, cuando reciben estas enseñanzas por primera vez, reaccionan negativamente. Nos llaman quijotescos, sin percepción de la creciente impiedad en nuestra nación. Tales principios no son realistas, dicen ellos. Para comenzar a responder, una simple pregunta es apropiada: “¿pero ellos son bíblicos?”. Si es así, no importa cuán contrarios al sentido común puedan parecer inicialmente, debemos abrasar las doctrinas y practicarlas según sus aplicaciones. Muchos son los tiempos en los que Dios ha bendecido la fiel obediencia a su Palabra a pesar de que parecía extraña a la vista de los hombres. ¿Quién sabe si, mientras seguimos el mandato de Cristo de llamar a las naciones al arrepentimiento sobre este asunto, podamos verlas volviéndose contritas a su Rey por medio del poder de su Espíritu? Así pasó con Nínive en los días de Jonás. La predicación y enseñanza acerca del Reino Mediatorial de Cristo sobre las naciones sacarán a las personas de su pietismo y cristianismo privatizado. Preparará al pueblo de Dios, el cuerpo de Cristo, para una acción apropiada cuando vengan los tiempos de realizar cambios en la constitución del gobierno civil, cambios que reflejarán apropiadamente, una santa sumisión nacional al Mesías.

Otra palabra que puede surgir en la mente de algunos es “triunfalismo”. Se debe admitir que, históricamente, la Iglesia Presbiteriana Reformada ha sido postmilenial. Incluso ahora, si ellas se llaman postmileniales o amileniales, una mayoría de los miembros del sínodo de la Iglesia Presbiteriana Reformada podrían considerarse a sí mismos como optimistas en su escatología. Este optimismo, sin embargo, no es absolutamente necesario para mantener la doctrina del reinado mediatorial de Cristo sobre las naciones, como sé por conocimiento personal. ¿Es “triunfalismo” enseñar y actuar según la clara enseñanza de la Biblia? Si es así, ¡triunfemos al ser “triunfalistas”! In hoc Christo vinces! (¡En esto Cristo conquista!).

Conclusión

Esto, entonces, es una presentación muy condensada de la doctrina del Reino Mediatorial de Cristo, con algunas aplicaciones prácticas. La Iglesia Presbiteriana Reformada cree que es bíblica y obligatoria para toda la Santa, Católica, y Apostólica Iglesia de Cristo. Mucho de este material puede ser nuevo para hermanos que están en otras ramas de la Iglesia, incluso aquellas ramas que están cercanas en la mayoría de puntos de doctrina, disciplina, gobierno, y adoración.

El comité de relaciones inter eclesiásticas de la Iglesia Presbiteriana Reformada de Norteamérica originalmente me pidió este ensayo en el espíritu de obediencia al Pacto de la Iglesia de 1871. En el actual compromiso, párrafo 4, leemos, “creyendo que la Iglesia es una, y que todos los santos tienen común con Dios y con los otros en el mismo Pacto; creyendo, además, que el cisma y el sectarismo son pecaminosos en sí mismos, y adversos a la verdadera religión, y confiando en que todas las divisiones cesarán, y que el pueblo de Dios será una Iglesia Católica sobre toda la tierra oraremos y trabajaremos para la unidad visible de la Iglesia de Dios en nuestra propia tierra y a través del mundo, sobre el fundamento de la verdad y el orden de la Escritura. Considerando que un deber principal de nuestra profesión es cultivar una santa hermandad, nos esforzaremos por mantener una amistad cristiana con hombres píos de cualquier nombre, y sentirnos y actuar como uno con todos aquellos que en cualquier tierra busquen este gran propósito. Y, como un medio de asegurar este gran resultado, por medio de la diseminación y aplicación de los principios de la verdad profesados, y cultivando y ejerciendo la caridad cristiana, trabajaremos para remover las paredes, y reunirnos aquellos amigos de la verdad y la justicia que estamos dispersos y divididos.

Espero que este ensayo lleve a un mejor entendimiento de esta vital, pero muy olvidada, doctrina; una mayor unidad en la Iglesia de Jesucristo; y una determinación de trabajar para el reconocimiento de los derechos reales de Cristo en la nación. Que Aquel que es Cabeza y Rey de la Iglesia, el único Soberano de Sion, aquel que es Rey de reyes y Señor de señores sea exaltado, para el loor de su Nombre y la gloria de su y nuestro Padre.

18451353_10154518386271475_7478874966539027727_oPor Philip H. Pockras, ministro.
Belle Center Reformed Presbyterian Church

Traducido con permiso del autor por Marcelo Sánchez para la Iglesia Presbiteriana Reformada en Chile (RPCNA)